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86TH STAMP DAY, SZÉKESFEHÉRVÁR
86TH STAMP DAY, SZÉKESFEHÉRVÁR

86TH STAMP DAY, SZÉKESFEHÉRVÁR

 Hay ciudades, de nombres impronunciables pero que, de una u otra manera, permanecen en la recámara de la memoria y ese es el caso de esta ciudad húngara que conocí nada más licenciarme en 1976 tras resultar ganador del concurso de la desaparecida redacción española de Radio Budapest que aquel año se había convocado dedicado al mundo del deporte. Un telegrama, me indicaba que había resultado ganador y tendría que preparar la documentación pertinente para realizar el viaje a Hungría. Tuve que sacar mi primer pasaporte con la célebre inscripción de “Válido para todos los países del mundo, excepto los de… y la retahíla de países de ideología comunista”. Entre ellos, evidentemente, estaba también Hungría. Era necesario gestionar el visado especial y así fue posible llegar a Budapest, con escala en Viena donde el avión de IBERIA queda vacío y un solo pasajero: era yo.
La tripulación fue sumamente amable y me agasajó, en el último tramo, con todo tipo de detalles (a veces pienso que alguien de esa tripulación era algo más que azafata a juzgar por el tipo de preguntas que realizaba) y me despidieron con una efusiva sonrisa que, en el vuelo de retorno serían abrazos al verme entrar de nuevo en el avión. ¡Curiosamente la mayoría de ellos eran los que una semana antes me habían acompañado en el tramo Viena-Budapest! Estaban ansiosos por saber lo que había más allá: ellos no bajaban del avión y de inmediato regresaban a España en una línea que prácticamente acababa de inaugurarse.
Fue mi bautizo internacional y los años siguientes los premios, de todo tipo, se sucedieron. Viajes a Portugal, Reino Unido, Polonia, Checoslovaquia y la Unión Soviética (aún no había caído el telón de acero y entonces visitaba las repúblicas socialistas de Estonia y Ucrania). El diexismo español conoció un par de décadas prodigiosas y casi un centenar de estaciones de todo el mundo transmitiendo en español hasta que el “lechón” mandó cerrar y se comenzó el desmonte con una de las que por lo visto, entonces, era la que más molestaba: Radio Argel o la clandestina La Voz de Canarias Libre (a su líder Antonio Cubillo lo dejaron en silla de ruedas); y hasta hoy cuando el panorama es desolador en la onda corta, las tropicales y la onda larga casi se han quedado mudas y nos empujan (cada vez con más fuerza hacia el abismo) a entrar en las nuevas tecnologías para bombardearnos con un mensaje globalizador y mundialmente manipulado que se propaga al instante hasta los más recónditos rincones del orbe, pero volvamos a esa ciudad en donde fui invitado de una familia a la hora de la comida. Todavía recuerdo sus buenas viandas y el afrutado sabor del “tokaj” con el que degustamos en la mesa, los granjeros, las tres personas (chófer, Attila –uno de los grandes personajes de la finiquitada Radio Budapest y un gran diplomático en asuntos iberoamericanos, con un timbre de voz que le caracterizaba entre todos los que hablaban el idioma de Cervantes en la radiodifusión estatal húngara- y yo, que apenas había pasado de la veintena) que ese día habíamos salidos de Budapest para conocer la zona del Lago Balatón y la mejor área de cultivo de vinos en el país magiar.
Esa mesa en la ciudad hace casi cuatro décadas es la que me ha llevado a escribir este pequeño artículo aprovechando, una vez más, la filatelia húngara. Aquél lejano día de los setenta, recuerdo que la ciudad tenía mercado y brillaba con luz propia y arquitectura inolvidable, limpieza por doquier y edificios fastuosos fruto de un esplendoroso pasado que contrastaba con los de mi España natal. La elegancia de sus calles, la majestuosidad de su casco histórico ¿cómo olvidarlo?
Así que, cuando mi contacto en el correo húngaro me informó de la emisión prevista para el DÍA DEL SELLO en el 2013 sería para SZÉKESFEHÉRVÁR, todo mi ser se emocionó y con inusitada claridad volví a esa ciudad que, gracias a la radio, había tenido la oportunidad de conocer cuatro décadas antes.
Efectivamente, el correo magiar le ha dedicado dos sellos y una soberbia hojita bloque cargada de simbolismo para celebrar el 86 día del sello que tuvo, como colofón, la Exposición Internacional de Filatelia HUNFILA 2013 que cerró exitosamente sus puertas hace pocos días (26-28 abril de 2013).
La Alba Regia romana es una ciudad bastante próxima a Budapest (apenas 65 kilómetros las separan) en el suroeste del país. Funge como capital del Condado de Fejér y de la región del Transdanubio. Actualmente es la novena ciudad más poblada de Hungría (algo más de cien mil habitantes). Su aspecto señorial le viene porque en la Edad Media fue la residencia real y la más importante de todas las urbes húngaras.
A finales del reinado de Esteban I (se convirtió en Santo, es patrón de Hungría y omnipresente, especialmente en las extraordinarias esculturas ecuestres que uno se encuentra por todo el país) se finalizaba la construcción de su célebre basílica que podía acoger a 9.000 personas representando una de las más grandiosas construcciones en la Europa medieval (apenas contaba 10.000 almas, de ahí que se pensara para dar cobijo a la totalidad de la población en caso de ataque, algo que entonces no era infrecuente, los ataques de las hordas turcas y otros países orientales era lo más habitual en la gran llanura centroeuropea).
La basílica fue lugar de coronación real (43 soberanos entre 1038 y 1543) y sepultura (15 reyes y una decena de personajes de la realeza de la época). En la ciudad estaba la Dieta (Parlamento) y se custodiaban las joyas de la corona (a mediados del XIV esa misión fue transferida a Visegrado). Lamentablemente, en el XVI la poderosa maquinaria de guerra otomana arrasaba casi la totalidad de la Europa Oriental y la basílica fue saqueada y destruida (se convierte en polvorín con tan mala fortuna que un rayo alcanzó el depósito y estalla por los aires: todo quedó destruido y en el olvido durante varios siglos).
A finales del XIX una expedición arqueológica realizaba excavaciones y logra recuperar los restos, irreconocibles, de una quincena de tumbas que se colocaron en un depósito común que se levantó en el “jardín de las ruinas” que es hoy uno de los lugares más visitados de esta preciosa y coqueta urbe húngara.
La ciudad en sí misma, es una perla, sobre todo visitada fuera de temporada. Los miles de turistas en la época estival no son precisamente el mejor reclamo, así que si uno tiene la oportunidad de ir a ella fuera de julio-agosto, seguramente la disfrutará en todo su esplendor. Lamentablemente parece que hoy los bárbaros son toda la masa que, estresada y a veces, maleducada, lo invade todo (por no decir lo destroza) cual plaga de langostas norteafricanas. Perfectamente visitable en un día, personalmente aconsejaría algo más para disfrutarla en toda su plenitud y realizar algunas escapadas por los alrededores que bien merecen un “mordisco” para saborear en todo su jugo esta joya de la inmensa llanura húngara.
El Museo de San Esteban (Sent. Isztván Kiraly) ofrece buenas exposiciones sobre la antigua ciudad real, seguiríamos con la catedral homónima en la calle Arany Janos levantadas por el rey Béla en 1325; otra catedral que merece la pena es la de Santa Ana, no fue destruida a pesar del terror turco que sacudió la región, fue levantada en estilo gótico en el lejano 1470.
Los sellos que le ha dedicado el correo húngaro ofrecen parte de ese rico patrimonio histórico y arquitectónico. El facial de 85 florines nos muestra a San Astrid de Pannonhalma (San Anastasio), un santo del siglo XI que acompañó a San Adalberto en su viaje misionero por Bohemia, se convirtió en abad del Monasterio de Brevnov y después continuó su trabajo en el reino húngaro. Sirvió  a la viuda de Geza en el 997 y fue el primer abad de la famosa abadía de Pannnonhalma (San Martín), tras servir también al rey Esteban I, acabará convirtiéndose en el primer arzobispo de la iglesia húngara. Fue el Embajador que el rey envió ante el Papa Silvestre II y él mismo entronizó a Esteban I (rey de los húngaros) en el capicúa 1001, obispo y arzobispo de Kalocsa, desempeñó el cargo de Arzobispo de la bella Esztergom entre 1007-1036 y un detalle de la fuente del Arzobispo Bory Jenö. El señorial ayuntamiento (110 florines) aparece en el segundo facial y en lado derecho la preciosa escultura dedicada a la justicia que se encuentra al lado izquierdo del balcón municipal, también indica que Székesfehérvár es “la ciudad de los reyes”.
Finalmente, el valor de 500 florines (con sobretasa de 200 destinados a la financiación de HUNOFILA) aparecido en hojita bloque nos muestra la Iglesia Cisterciense de la Virgen , edificios aledaños y, en las ilustraciones adicionales fuera del estricto marco del sello, el rey santo a caballo, la fuente, simbología y heráldica de la ciudad filatelizada.
La emisión comenzó a circular el 26 de abril de 2013, fue diseñada por Barrabás Baticz con las fotografías de József Hajdú e impresos en la Compañía de Alta Seguridad ANY. Tuvo una tirada de 250.000 efectos y la hojita 30.000 ejemplares. Tamaño de 30x40 (dos verticales y uno horizontal) siendo el total de la hojita de 90x70 mm.
MAGYAR POSTA ZRT
HUNGRIA SERVICE PHILATELIQUE
BUREAU DE POSTES
BAROSS TÉR 11/C
H-1087 BUDAPEST (HUNGRIA)
 
 
 
JUAN FRANCO CRESPO
 
 

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